#DiariosdeunHombreNuevo: 1

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Hoy es un día especial. Es el día uno de esta categoría del blog que hace rato ya esta habilitada pero no ha sido hasta hoy que han germinado las ganas de comenzar a darle forma y contenido.

De hecho es significativo que este día sea el que me haya movido a comenzar mis #DiariosdeunHombreNuevo.

Hoy se desarrolla la marcha Ni Una Menos en Argentina y Uruguay, una marcha pública y multitudinaria que condena la violencia machista contra las mujeres y muy especialmente contra el asesinato sistemático de las mujeres a manos de los hombres.

Hombres y mujeres marchan juntos por las calles para expresar categoricamente que no toleran Ni Una Menos.

En los días previos a la marcha, esos días de convocatoria que buscan sumar adhesiones y conciencia sobre todo son días de gran revuelo; de trinchera diría.
Las redes se crispan, se llenan de estadísticas y datos que confirman los argumentos y tambien de resistencias y contra argumentos.

Mi vida esta rodeada de mujeres fuertes y transformadoras.Pero no fuertes en un sentido inversamente proporcional al estereotipo de la mujer romàntica. Sino en el sentido mas puro de la palabra. Mujeres que me han hecho plantear desde muy pequeño mi relaciòn con la subjetividad que expresamos a cada momento. Mi madre alentando mi temprana sensibilidad. Mi hermana cuya generosidad siempre fue el bastiòn de mis dudas cada vez mas fundadas sobre las maneras de expresar mi masculinidad.Compañeras de ruta que me han empujado a revisarme y aceptar la transformaciòn como una herramienta ineludible para evolucionar.

A menudo suelo encontrarme en una posición en que tengo que dar un rodeo para identificar lo que me pasa. Casi darme vuelta sobre mi mismo y leer las señales que manifiesto inconscientemente para saber lo que esta pasando en mi interior.

Y es que a veces me da la sensación de que los hombres somos eternos trashumantes. Casi inasibles.Sin una posición fija.

Porque cuando hablamos de masculinidad,hablamos de movimiento.

Nos movemos en el sentido unidireccional de una flecha que siempre apunta hacia afuera.
“Ser un hombre es demostrarlo” caminando hacia lugares inexactos donde residen todas las propiedades de un buen varón. Lejos del cuerpo. A la conquista de algo que siempre esta mas allá, en el límite de lo posible.
Al fin y al cabo la masculinidad siempre se conquista. Es un bien adquirido. Nunca un atributo.
A diferencia de las mujeres que cuentan con algunos procesos biológicos que las “traen” continuamente al cuerpo, nosotros hemos olvidado o desechado esa conexión. Simplemente no la tenemos.
El cuerpo masculino se expone, se arriesga, se daña, se lacera y descansa solo por obligación. No tiene un NO como respuesta. Es una maquina biológica comandada por una mente adiestrada culturalmente.
No siente, no pide y no adquiere conciencia de su propia vulnerabilidad. Y cuando lo hace ya es demasiado tarde.
En algunos cursos de meditación que he realizado donde se pide muy especialmente tener conciencia absoluta sobre el cuerpo, la mayoría de los que desertan son hombres. Son los que mas sufren todo el proceso. Se angustian terriblemente, les cuesta concentrarse en su cuerpo y estar atentos a sensaciones.
Y yo me pregunto:no será este un camino para comenzar a conectarse con nuestra esencia masculina?
Sentir nuestro cuerpo experimentándolo desde un lugar nuevo. No solamente como una herramienta, sino como el asiento de una multitud de estímulos y sensaciones que dan sentido a nuestro ser?
Sentir cuales son las verdaderas necesidades de nuestro cuerpo.
Sentirlo como si fuera nuestro para arrebatárselo al patriarcado y su necesidad de racionalizarlo todo.
Esto en primera instancia implicaría detenerse.Dejar de ser trashumantes conquistadores del afuera para comenzar a conquistar nuestros propios miedos. Caminar hacia adentro en la búsqueda de nuevos horizontes sensitivos que a la larga nos impulse a establecer nuevas relaciones con nuestro ser y con nuestro entorno.
En tiempos donde se pone especial relevancia sobre la sintomatología del patriarcado expresada en la violencia y el abuso que expresan algunos hombres sobre las mujeres. Es imprescindible comprender que esa misma violencia y ese mismo abuso expresado hacia afuera es el que destruye a los hombres por dentro.Matándolos lentamente. Mellando su voluntad por años hasta que muy tempranamente entregan su vida aturdidos por una mente enferma y un cuerpo desgastado a través de los años.
Porque “el hombre puede”. Y el “hombre debe”.

Y si esa violencia se expresa a través de sus vínculos es porque en primera instancia esa violencia se expresa en la relaciòn que establece consigo mismo, socavando cualquier asomo de vulnerabilidad o debilidad.Asociada indefectiblemente a la negación de su parte femenina.Porque ser hombre se construye a partir de no ser mujer;de correr hacia el otro extremo de la calle.
La cosificación primero es la cosificaciòn de su cuerpo ofrecido al ritual del trabajo, donde serà sacrificado en pos del progreso.Después, con esas pobres herramientas intentamos comprender el mundo y conectarnos con el. Y con quienes lo habitan.Eso es lo que ha hecho el patriarcado por nosotros.
Por eso, para cambiar nuestros vínculos, primero debemos cambiar nosotros. De otra manera cualquier intento de cambio será estéril y chocará contra la naturalización del machismo y la estructura invisible de nuestra percepción falo-centrista.
Jugar con nuevas reglas construyendo una nueva sintaxis masculina es animarse a caer hacia adentro sin expectativas de ningún tipo.
Hay otra masculinidad en nuestro interior.
Podemos empezar siendo hombres extraños o extrañados. Hombres habitando un nuevo espacio en nuestro ser,ajustándonos a esa primera incomodidad de ser algo mas o algo distinto.
Y algo nuevo saldrá.
Solo hace falta quedarse quieto por un momento.

Ejercicios
– Elegir un día de la semana específico para tomarse de 5 a 10 minutos en un lugar apartado y silencioso. Puede ser adentro o al aire libre.
-Tomarse 5 minutos, cerrar los ojos y prestar atención sobre la respiración.
– Prestar atención a las sensaciones del cuerpo. El roce de la ropa, la brisa, temperaturas, etc.
– Sentir los pies, las manos, el tronco, la espalda, la cabeza, los dedos.
-Tomarse el pulso sobre le cuello o las muñecas y contar los latidos.
– Existen distintas técnicas de meditación que nos permiten tener otra relación con nuestro cuerpo.

® Martín Nierez

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