Discriminar es moneda corriente en Uruguay, advierten los expertos- Nota diario El País

Pamela fue a pedir trabajo y no se lo dieron porque es “muy oscura”. Otra mujer se subió a un ómnibus cubierta con un hiyab y le gritaron “terrorista”. Un profesor fue alejado de su cargo por ser portador de VIH.

Esos son solo tres ejemplos de casos de discriminación recientes en Uruguay, un tema que el Ministerio del Interior puso sobre la mesa al efectuar la campaña “por la no estigmatización de los barrios”, pero que excede claramente ese problema.

Así lo explicitan 14 informes encargados por la Dirección de Derechos Humanos del Ministerio de Educación y Cultura (MEC) en el proceso de elaboración del Plan Nacional contra el Racismo y la Discriminación.

En esos documentos, diversos técnicos analizan la discriminación por varios motivos: religiosos, étnicos, de género, por tener una discapacidad, por padecer de patologías psiquiátricas, por la orientación sexual, consumir drogas, por ser viejo.

Todos los informes coinciden en una realidad que no deja de sorprender: la constante discriminación que enfrentan las personas afrodescedientes.

“Hay situaciones bien evidentes. En nuestro país hay desigualdades étnico-raciales muy claras y muy estudiadas, por ejemplo, con la comunidad de afrodescendientes. Más de la mitad de los afrodescendientes menores de edad viven en situación de pobreza, presentando además menores posibilidades o condiciones de acceso a la educación y al sistema de salud que los blancos”, señaló a El País Juan Fernández Romar, profesor de Psicología Social de la Facultad de Psicología de la Universidad de la República.

A su vez, la discriminación es un fenómeno que se intensifica en épocas de crisis y que se multiplica al tomar contacto con nuevos grupos lejanos culturalmente.

“Por ejemplo, han aparecido quejas en Uruguay por muestras de discriminación y rechazo a mujeres islamistas que usan hiyab, ese velo característico. A mayor diversidad cultural, ética y estética es mayor el esfuerzo de comprensión y tolerancia que debe desarrollar una sociedad, especialmente si se trata de una población estable y tradicionalista”, aseguró el experto.

AFROS. El 10% de los uruguayos (324.100 personas) son afrodescendientes. De estos, el 40% vive en barrios periféricos y asentamientos irregulares de Montevideo. La mitad de los afrodescendientes que viven en el interior, en tanto, se concentra en los departamentos del litoral: Artigas, Rivera, Paysandú y Salto, y en el noreste en Cerro Largo y Tacuarembó. Sólo el 28,1% de la población de ascendencia blanca del interior vive en estos departamentos que, además, son los que tienen menor ingreso per cápita.

La segregación residencial y la alta tasa de natalidad pero con una esperanza de vida disminuida con respecto a la población total, son dos de los indicadores más relevantes de las condiciones de vida de los afrodescendientes, según el informe elaborado para el MEC por la experta en exclusión, inclusión y ciudadanía Laura Da Luz Martínez.

Los afrodescendientes son discriminados, según el informe, en diversos ámbitos, principalmente en la educación, el trabajo, la participación política, la salud y los espacios públicos.

El problema en las instituciones educativas es que “los docentes no han sido preparados para enfrentar la discriminación racial” y por ello “suelen silenciar y minimizar el problema (“no le hagas caso”, “no lo escuches”) lo cuál revictimiza a los niños agraviados”. En Secundaria y en la Universidad, el afrodescendiente tampoco es “contenido” y abandona el estudio.

Según el encargado de Comunicación de Mundo Afro, Néstor Silva, el motivo es que los jóvenes afro deben salir a trabajar desde muy temprana edad y que las mujeres suelen ser madres jóvenes. Sin embargo reconoció que actualmente hay “mucho más afrodescendientes al inicio de las carreras universitarias que históricamente”.

En el mercado laboral la discriminación queda en evidencia en el salario y en las oportunidades que tienen los afrodescendientes: 37% está ocupado en trabajos no calificados y ganan 40% menos que un trabajador blanco.

Según Silva, cuando una empresa pone un aviso y dice que la persona tiene que tener “buena presencia”, los afrodescendientes saben “porque la experiencia enseña”, que ir a presentarse el lunes a una entrevista es “ir a perder el tiempo”.

“La buena presencia no solo implica que estés limpio y prolijo, sino que también implica que no seas gordo, que no seas negro. Yo tengo 55 años y a mí me pasó. Hoy le sigue sucediendo a los jóvenes”, aseguró.

En lo que refiere a discriminación en espacios públicos, los afrodescendientes sienten que son “hipervigilados” y dicen que una de las peores expresiones con las que deben lidiar es el “derecho de admisión” utilizado por los comerciantes privados para resolver quién ingresa o no a un boliche, restaurante o tienda.

RELIGIÓN. Si bien en Uruguay se practican más de cien cultos religiosos, “muy pocos” tienen conocimiento de este “amplio abanico”, señaló la antropóloga Valentina Brena en su informe.

“La ignorancia de la sociedad uruguaya sobre la diversidad religiosa que le es propia acarrea múltiples consecuencias. El desconocimiento genera rechazo, incomprensión y tolerancia porque no puedo respetar aquello que no conozco”, dice la antropóloga y aclara que todos los entrevistados para el informe -todos practicaban distintas religiones- fueron víctimas de brotes xenofóbicos, que van desde burlas a fuertes agresiones.

Más allá de la ignorancia generalizada, sí es amplio el saber sobre la religión católica y sus características.

Hay quienes consideran que el Estado está jugando un rol determinante, cuyo aparato institucional le da prioridad a la Iglesia Católica en relación con las demás, consignó la antropóloga. Como ejemplo, sus fuentes mencionaban el “hecho arbitrario de que esa sea la única religión que tiene templos señalizados con cartelería municipal”.

Personas de diversas religiones coincidieron en que, salvo que sean católicos, estar en las calles uruguayas con vestimenta de su credo no es fácil. “A mí salir con esta ropa me supuso casi un desafío. La gente me ve y me dice ¿vas a bailar? Y mira si por ejemplo alguien le va a preguntar a una monja ¿vos vas a un baile de disfraces?”, dijo un líder religioso umbandista.

En el mismo sentido se manifestaron practicantes judíos -fundamentalmente los hombres con el uso de la quipá- y musulmanes -especialmente las mujeres-.

“Nosotras como mujeres musulmanas usamos la vestimenta islámica, el hiyab y me ha pasado que a la hora de tomarme un ómnibus me digan `¡mirá, una terrorista, que hija de puta!` O el otro día, entrando a una tienda me dijeron `se tiene que sacar la capucha por razones de seguridad` y yo le dije `es un atuendo religioso` y me dice `no me importa`, entonces yo le pregunté `¿a una monja vos le hacés sacar el velo?` y me dijo `no`”.

Incluso, una practicante musulmana contó que la mayoría de sus pares no se visten “de religión” porque reciben burlas en el trabajo y en los estudios.

Algo similar contaron algunos hombres judíos en relación al uso de la quipá. “Hay gente que se va a definir como ortodoxa pero no va a salir a la calle vestida así o se va a poner un gorro con visera para tapar la quipá”, contó uno de ellos.

La “invisibilización de la diversidad religiosa” ha repercutido en el sistema educativo público “en el que hablar de religión se ha convertido en una especie de tabú social (mal) fundado en el que respetar la laicidad supone ignorar al fenómeno religioso, contexto en el cual nombrar a Dios ha pasado a ser considerado casi como una mala palabra”, dijo Brena.

PSIQUIS. La estigmatización de quienes presentan patologías psiquiátricas parte de la generalizada falta de información sobre el tema.

“El interés por recibir información y la duda sobre cómo incluir a las personas con padecimientos psiquiátricos y cómo tratarlos, fue recurrente en los diálogos con la sociedad civil”, narró la psicóloga Verónica Pérez Horvath en el informe para el Plan.

Una persona internada en el Hospital Vilardebó resumía así la situación: “La forma en que se nos conoce públicamente es como locos, cuando hay una alerta roja de alguien que se escapa. En realidad, no reconocen que existimos”.

La propia nomenclatura de varios establecimientos es de por sí estigmatizante. En particular, la palabra psicópata, que figura en la denominación del Patronato del Psicópata, la ley del Psicópata y en el cartel de entrada del Departamento de Control del Psicópata del MSP, contribuyen a la “perpetuación de este estigma”, señaló Pérez.

Por otra parte, hay resistencia de los empleadores a contratar a personas con padecimientos psiquiátricos, y cuando se produce su incorporación, son puestos a trabajar en sectores mal remunerados, con pésimas condiciones, o bien para llenar la cuota de discapacidad, a sabiendas de que el paciente no va a adaptarse en la función y que renunciará en unos días debido al tiempo y el tipo de demanda que implica.

ORIENTACIÓN SEXUAL. Las nuevas generaciones de homosexuales masculinos han tenido menos dificultades que sus mayores, pero eso no quita que continúen enfrentando discriminación y estigmatización. En materia laboral, por ejemplo, enfrentan problemas en la atención directa con público y en el área docente.

“En los estratos socioeconómicos más deprimidos la homosexualidad masculina es visualizada como una ofensa que se traduce en cánticos e improperios entre barras locales o futboleras, lo que habla de una cultura patriarcal mucho más fuertemente impregnada que en los estratos más educados”, señaló la autora del informe, Margarita Percovich.

Sostuvo que el “mayor problema de no reconocimiento y desconfianza hacia los homosexuales masculinos” es lo vinculado a “su relación con niños, niñas y adolescentes”. Eso se expresa, afirmó, en las resistencias a su trabajo como docentes o en las posibilidades de criar hijos adoptados.

En tanto, las lesbianas sufren, según Percovich, una “discriminación cultural mucho más profunda. La lesbofobia es mucho más acentuada en nuestra sociedad que la homofobia”, estimó. Y agregó: “El rechazo hacia una mujer que se manifiesta homosexual, recoge el inmediato rechazo no sólo de los hombres sino de sus propias congéneres”. De todos modos, las más jóvenes se sienten más apoyadas por ellas mismas. Las agresiones que sufren son más sofisticadas en sus expresiones que las que existen hacia los homosexuales masculinos.

ETIQUETAS QUE MARCAN A MUCHOS

Personas que tienen alguna discapacidad

Una persona que padece alguna discapacidad tiene reducidas oportunidades de, por ejemplo, trabajar. “Es difícil que encuentren un empleo, y cuando logran hacerlo no se le asigna una tarea importante porque parten de la base que no pueden hacerlo. Eso es una cuestión de discriminación cotidiana”, comentó Federico Lezama, coordinador ejecutivo de la Secretaria de la Discapacidad de la IMM.

Lezama afirma que hay instituciones educativas que rechazan a personas con discapacidad intelectual porque “no saben cómo atenderlo”. Como consecuencia los niños son mandados a una escuela especial cuando, en la mayoría de los casos, no es necesario.

La vía pública es otro ámbito en el que la discriminación queda al descubierto. “En un ómnibus la gente no se quiere sentar al lado de un down porque le genera miedo y trata de evitar la cercanía”, afirmó.

Consumidores de diversas drogas

En Uruguay hay una imagen estereotipada del consumidor de droga: persona joven con dificultades de adaptación, de aceptar límites, que tiende a mentir, a robar, que no trabaja, que se distancia de la familia y es antisocial.

Ese estereotipo se genera, estimó la psicóloga Verónica Pérez Horvath, a partir de los casos más extremos de los consumidores problemáticos de pasta base y lleva también a que los jóvenes sean vistos como peligrosos, de quien es necesario protegerse, y no como sujetos que requieren ayuda o asistencia.

La estigmatización con calificaciones que van desde “pastero” a “pastoso” o “latoso”, lleva a un estereotipo y hace que el consumidor tengan temor a la visibilidad y a los tratamientos.

PERSONAS QUE SON PORTADORAS DE VIH

El estigma “más importante” continúa siendo el tabú relacionado con la sexualidad y las prácticas sexuales -reales o imaginadas- de la persona que contrajo el virus. “Para el imaginario social, la persona con VIH cometió algún tipo de exceso o desvió sexual. Esto determina la mayor estigmatización de personas con orientaciones sexuales diversas”, señaló Pérez.

Relevó irregularidades: empresas que para evitar contratar a personas con VIH solicitan la realización del carné de salud en sitios donde el examen es hecho sin consentimiento del paciente.

Las cifras

14 Son los informes realizados por expertos para el Plan contra la Discriminación.

37% De los afro tienen un trabajo no calificado y ganan 40% menos que un blanco.

Nigeriano citado

Tommy Daria, el joven nigeriano que fue golpeado por patovicas en un boliche de la Ciudad Vieja en el mes de junio, fue citado a declarar el pasado jueves. Néstor Silva, de Mundo Afro, dijo a El País que los casos de racismo “le cuestan” al Poder Judicial. “Aplica poco y nada la legislación que existe. Lo del nigeriano fue en junio y recién ahora lo llaman”, afirmó.

El barrio pesa para conseguir empleo

El Ministerio del Interior partió de su propia experiencia para diseñar su última campaña de comunicación dedicada a la no estigmatización de barrios. “Nosotros sabemos que en zonas rojas hay gente que trabaja y, sin embargo, se suele decir `en el Borro son todos chorros`. Es como una sentencia que les cae y le quita posibilidades”, dijo a El País el vocero de la Unidad de Comunicación del Ministerio del Interior y encargado de la campaña, Marcelo Barcelli.

El objetivo, aseguró, era plantear una reflexión y “reivindicar por primera vez” a los vecinos que no tienen problemas con la ley pero que viven en barrios complicados. “La campaña fue cuestionada porque menciona algunas zonas y hay quienes entendieron que eso también es ponerle una etiqueta. La realidad es que son mencionadas en la crónica roja varias veces por día. Entonces, esta es la primera vez que son nombradas para reivindicar a la gente que vive ahí”, afirmó.

Y comentó que le consta que hay vecinos a los que le cuesta conseguir trabajo por el barrio en el que viven. “Lo sabemos porque hay muchos policías que viven en zonas rojas”, indicó.

D. FRIEDMANN / V. RUGGIERO

Link:http://www.elpais.com.uy/111009/pnacio-598553/nacional/discriminar-es-moneda-corriente-en-uruguay-advierten-los-expertos/

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